13 feb 2009

Cuarta noche. Orestes.

Wow.

Déjà vu, dirían los franceses.

Espera, esto... ¿no lo había vivido yo antes?

Sospecho que esta noche me toca volver a ser la puta de un Ventrue, y sospecho bien.

Su Alteza el Príncipe Calebros nos espera impaciente mientras Víctor intenta disimular lo ferozmente cabreada que está su Bestia. He de decir que Calebros tampoco parece estar especialmente contento. Y el ghoul inseparable de Víctor no está.

Y vaya si no está. Dicen —dice Víctor— que se sospecha que haya huído al Sabbat. Que genial, ¿no? Parece que el Sabbat y este — ente (diría hombre, pero no creo estar en lo cierto) no se llevan del todo bien.

Y nos mandan a nosotros.

Creo que Víctor considera Sabbat a todas las preciosidades pelirrojas que intentan levantarle el ghoul. Pero, digamos la verdad, siendo humano... ¿quién se resistiría a esa belleza llamada Eva?

Intento disimular mi cabreo al encontrarme arrojándome a los pies de un capullo Ventrue otra noche más. Aunque la verdad, creo que no salgo tan mal parado. Podría ser la puta de un Tremere, o de un Brujah. Espera, ya soy la puta del peor Brujah de todos.

Nuestra primera parada es la casa de John, cómo no, y, tras acabar de registrarla, considero que el cabrón es un tipo cuidadoso. O tiene la vida más aburrida del mundo, o esconde sus pasos muy bien. Muy bien, pero no perfectamente.

Para empezar, Víctor ya ha estado aquí. Parece que Papi Vampírico no suele levantarse de muy buen humor. Supongo que intentó invocarlo con Presencia, y no acudió, así que se presentó para cantarle las cuarenta. O se presentó para ver si estaba completamente desangrado y desmembrado dentro de su refugio. El tema es que la casa está hecha un auténtico desastre.

Después de registrarlo todo, Henri encuentra un anillo de compromiso o algo así en el dormitorio, y yo una nota escrita a mano, citando a John en un bar llamado Fickle Muse.

Su teléfono está convenientemente vacío de llamadas y mensajes sospechosos, su familia no tiene ni idea de dónde está. Su hermana dice que había quedado a cenar con él hacía dos noches, y que no se había dignado a aparecer. Hace dos noches, justo cuando desapareció.

Vamos al puñetero Fickle Muse, después de que consiga que alguien me diga dónde está. Dejo que el Ventrue se encargue de sacar la información por que, siendo sinceros, mis métodos son un poco menos discretos que los suyos.

El camarero no sabe nada de esos dos porque le acaban de cambiar el turno, pero tal vez su compañero sí que sepa algo.

Tenemos un teléfono, así que Boadicea se encarga del factor seducción. El tipo nos da una dirección —que estúpido. Sólo le ha hecho falta una foto del mono de cuero abierto de Boadicea.

Llegamos a su portal, entramos a gatas para que no nos vea por la cámara del portero automático. Boadicea llama a su puerta, y nosotros esperamos en la oscuridad del pasillo.

Y me suena el móvil. Joder.

Salgo corriendo más rápido de lo humanamente posible, y doy un golpe a la puerta antes de que se cierre. La puerta golpea al pringado del otro lado, y consigo entrar. Lo agarro de un puñado y dejo paso a los demás. El tipo —se había arreglado y todo— está aterrorizado.

Henri se coloca enfrente, saca una foto de John, y comienza a hacer preguntas.

Pelirroja preciosa. ¡Bingo! Joder con John, es todo un conquistador.

Lo peor es que hay personas en la habitación que no han caído en quién es esa pelirroja cañón.

Cuando salgo, digo: Joder, vaya hijo de puta.

Henri está de acuerdo. Las chicas nos miran interrogantes.

Eva, es la respuesta.

Miro el reloj de pulsera. Demasiado tarde para continuar las investigaciones. Me despido de todos, no sin antes quedar para el día siguiente.

4 comentarios:

  1. Ciertamente, esta noche no estabas del humor más... complaciente.

    Y aún no te he perdonado del todo por el móvil.

    Pero una cosa no puedo negarla: 'escuchar' tus recuerdos me ha puesto una sonrisa en la cara.

    Sólo puedo hacer una cosa: reiterarme.

    "Joder con John."

    ResponderEliminar
  2. Oye, que al final el músculo del grupo salvó la situación. Y si no que se lo digan al máster :P.

    Y, reconócelo, mi sentido del humor te encanta.

    ResponderEliminar
  3. Lo admito.

    Es un oasis en un grupo de deficientes.

    ... Pero el músculo no salvó nada. En todo caso, fue la velocidad.

    ResponderEliminar