31 ene 2009

Primera noche. Orestes.

Nunca fui tímido, pero ahora mismo desearía que me tragara la tierra.

Os pongo en situación: mi amado y respetado sire acaba de hacer una jugada de las suyas, y tras gritos y peleas con la flor y nata de la sociedad vampírica local, ha conseguido que se me presente en sociedad. Hoy.

Sólo tengo 6 meses vampíricos. Soy, en términos inmortales, un bebé de pecho.

Si pensaba que no había nada peor que que me presentaran en sociedad siendo el Chiquillo de un Vástago considerado el más capullo de un clan de capullos, me equivocaba. Pueden presentarte en sociedad siendo el Chiquillo del mayor capullo de Nueva York, y además hacerlo de forma completamente prematura e inapropiada.

Leónidas está convencido de que soy un Chiquillo digno, y oh, voy a serlo, aunque sea por mí y no por él.

Entro al Elíseo detrás de mi sire, y rezo por salir de allí lo antes posible.

Todas las miradas se clavan en mi, los Vástagos comienzan a susurrar. Percibo la mirada altiva y desdeñosa de Mazz, la Arpía Brujah. Está claro que hacerme un buen nombre va a resultarme difícil.

La presentación comienza, los Chiquillos nos adelantamos para jurar lealtad al Príncipe Calebros. Al menos no es Ventrue.

La primera Chiquilla, Boadicea, se presenta a su coleguita Calebros. Mi único consuelo es que no se puede hacer peor que eso.

La segunda Chiquilla, Zaraida, parece hacerlo un poco mejor. Hasta hace una reverencia.

Y me toca a mí. Afortunadamente, Vic me ha explicado lo que tengo que hacer. Hinco una rodilla en tierra, digo mi nombre y mi clan y juro lealtad al Príncipe. Calebros no tiene ni idea de lo en serio que digo esas palabras.

El Nosferatu no se distrae y comienza a preguntarnos por las Tradiciones. Menos mal que soy una rata de biblioteca, y me las sé de memoria.

Una vez terminadas las presentaciones, Leónidas me lleva a conocer a varios Vástagos, la mayoría el resto de integrantes del clan Brujah. Vic está por allí, y me hace una señal de aprobación cuándo nadie mira.

Acto seguido, mi padre eterno me conduce hacia un grupo de Ventrue, que se encuentran con la nueva Chiquilla Gangrel y un neonato llamado Henri, y coloca una mano en el hombro de un tal Edmund. Ojalá no lo hubiera hecho. Parece ser que está noche hay una "misión de mayoría de edad", y como Vástago recién presentado al Príncipe, Leónidas considera que debo participar. No estoy muy seguro de que Edmund esté de acuerdo, pero no dice nada.

Tierra, trágame.

2 comentarios:

  1. Esta entrada ha conseguido contagiarme el miedo escénico a mí, y hacer que me sintiera el centro de atención del Elíseo sólo con leerla.

    No era la mejor de las situaciones, pero sí la mejor de las prosas y algo es algo.

    Y oh, descuida: Edmund estaba de acuerdo con incluirte. De lo contrario, no hubieras estado allí.

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  2. Creo que eso me halaga... aunque, claro, otra cosa serían los motivos por los que Edmund me quería allí.

    Eso es harina de otro costal.

    Aunque, si su reputación depende de lo bien que lo hagas con nosotros...

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