31 ene 2009

Primera noche. Zaraida.


Me levanto. Joseph está mi lado, el pelo revuelto y unas cuantas ramitas enredadas en el.

-Joseph despierta, ¡qué ya es hora!

-Mmm

-Hoy es mi presentación ¿no?

-Sep… -media vuelta en la cama.

Salgo de la habitación para cambiarme y me pongo una camiseta de cuello barco con mangas separadas y otra de tirantes debajo, unos vaqueros rotos y unas botas militares. Me arreglo el pelo.

Entro en el cuarto de Joseph, está con dos camisas, una en cada mano. Sube una cada vez como pidiendo consejo:

-La de la derecha –sonrío-. ¿Te puedo arreglar el pelo?

-Siempre –sonrisa ancha.

Después de ponerse la camisa se sienta en una silla. Le recojo parte del pelo en la nuca con una goma.

-¡Ya está!

-Vámonos –sonríe.

Nos dirigimos al Elíseo, en Madison Square Garden, donde tendrá lugar la presentación. Mientras salimos del Bronx la gente se aparta. Nadie se atreve a meterse con Joseph en el Bronx.

Aunque sea el Bronx.

Al llegar al Elíseo un tipo con cara de malas pulgas nos deja pasar.

En mi vida he visto tanto vampiro junto: el Elíseo está lleno, la mayoría está en grupos, en clanes, apenas se mezclan: los Toreadores, los Gangrel, los Brujah, los Ventrue, los Malkavian, los Tremere, los Giovanni, los Nosferatu. Los Toreadores miran a su alrededor como si el resto se hubiera dejado olvidado en algún cajón el buen gusto; los Ventrue van con sus camisas de marca, pantalones de pincísima y sus zapatos caros, políticos…; los Brujah… moteros y sonoras palmadas de espalda; hay también por ahí perdido un niño un tanto raro que habla con su osito de peluche…da mal rollo… los Gangrel están al fondo asique nos vamos hacia allí.

Joseph me da un ligero apretón en la mano, estamos delante de una Gangrel con rasgos de comadreja: Jezabelle, la heroína olvidada. Su chiquilla no es Gangrel si no Caitiff, va vestida al estilo “busco a Jack” enfundada en cuero de los pies a la cabeza. Muy mona.

Extiende una mano.

-Soy Boadicea. Encantada.

-Zaraida. Igualmente.

-¿De dónde viene el nombre? –pregunto.

-Pues verás... viene de Bla bla bla bla bla

Sí, lo siento desconecto un poco, pero es porque intento grabar en mi memoria semejante nombre que no había oído en mi vida (si puedo decir tal cosa…) pero en mi mente se filtra que viene de tradiciones guerreras.

-… y eso es todo. ¿Y el tuyo? Es la primera vez que lo oigo.

Touchée

-No tengo ni idea, lo único que sé es que no es mi verdadero nombre, y como tampoco recuerdo cuál es me he quedado con este. No tengo muchas opciones, cuando conocí a Joseph le dije que me llamaba Zaraida, supongo que en su momento no me gustó darle mi nombre a alguien tan rarito... o eso debí pensar.

Boadicea no dijo nada más, sólo asiente.

-Básicamente quiere decir que la rarita era ella, que le iba diciendo nombres raros a la gente.

Es Joseph, que se había colocado detrás de mí cuando había terminado de hablar con Jezabelle.

Como siempre brazo al hombro.

El codazo en las costillas no sirve de nada. Joseph me mira y sonríe.

-Una última cosa antes de que vayáis frente a Calebros. Va a haber otro más que se va a presentar esta noche, es el chiquillo de Leónidas, Orestes. Es un brujah. Por eso los ánimos están un poco alterados… no tiene ni seis meses... bueno -una palmadita en la espalda- ¡Suerte!

Y de repente estoy frente a Calebros, con sus pústulas y encías carcomidas. Qué hermosa visión.

Vale, sí, seré muy sarcástica pero hay que reconocer que el tío impone, el aura que emana de él refleja su poder. A pesar de su apariencia, el Príncipe ha sido un buen gobernante, al menos por lo que me ha contado mi Sire.

Primero se presentó Boadicea. El cuero de su mono susurró cuando se adelantó.

Si hubiese tenido corazón me pregunto si habría empezado a latir con más fuerza: me estoy poniendo nerviosa. Boadicea se ha presentado de la forma más coloquial que uno se pueda imaginar, pera empezar le ha llamado directamente "Calebros"... Y se oyen murmullos.

¡Ay mi madre…!

Bueno. Mi turno.

“Príncipe Calebros, mi nombre es Zaraida. Le ofrezco mi lealtad”

Hago una reverencia.

¡Y ya está!

No ha ido tan mal, ¿no? Al menos no ha habido murmullos.

El turno del Brujah…

Me sorprende, las cosas como son. No pensé que lo fuera a hacer tan bien.

Todo correctísimo, mejor que yo de hecho. Y no hace una reverencia, ¡si no que hinca la rodilla!

Calebros se levanta y nos saluda. Y hace algo que me pilla desprevenida: nos empieza a preguntar sobre las Tradiciones. Por suerte nadie la caga.

Después de terminar con las formalidades volvemos con nuestros sires. Joseph pasa una mano por mi hombro.

-Muy bien hecho cariño. Por cierto, tengo que presentarte a alguien.

Un sentimiento de mal rollo y un escalofrío me recorren la espalda...


2 comentarios:

  1. Se respira el algodón de azúcar al despertar. Puaj.

    PD: Sabes que es pura envidia.

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  2. ¿Mal rollo? ¿Mal rollo? ¿Mi presentación te dio mal rollo?

    ... Créeme, no quieres oir lo que me dio a mi...

    Un consejo: aprende de Joseph. En serio. El Bronx y tú... la combinación todavía me da escalofríos. Y eso que estoy muerto.

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