3 feb 2009

Segunda noche. Orestes

Esto me resulta familiar.

El Club21, de nuevo. Muchos Ventrue, de nuevo.

Soy su puta, de nuevo.

He de reconocer que el rostro delicado de la tal Angelica Anderson me endulza un poco el humor. Para estar muerto, pienso con mis atributos masculinos bastante a menudo. Supongo que es cuestión de tiempo.

Mansión encantada. Humanos huyendo aterrorizados. Ghouls desaparecidos. Venga, todavía no es el Día de los Inocentes.

Angelica parece tomárselo muy en serio. Parece ser que los Giovanni, esa especie aún desconocida para mi, no han conseguido exorcisar la casa. O no lo han intentando lo suficiente. También hay interés Tremere. I-N-T-E-R-É-S T-R-E-M-E-R-E. Empiezo a pensar que esto es chungo de verdad.

La mansión es, no sé, como gigantesca. Las habitaciones son desproporcionadamente grandes, es decir, la sala de baile es igual de grande que mi piso. Más grande que mi piso. MUCHO más grande que mi piso.

La planta baja parece estar despejada. Hay un cuarto de las escobas en un lugar bastante insólito, pero supongo que en algún lado tendrían que meterlo. Cuando agarro un jarrón para mirarlo con más atención, Zaraida me embronca y Henri me mira con lo que supongo que sería auténtico pavor cincelado en esa cara de piedra inexpresiva suya. Cuando miro el jarrón más de cerca, lo entiendo todo. No era una imitación. Dinastía Ming. Qué bien se lo monta Angelica.

Zaraida encuentra pequeños trozos de cerámica rota sobre la alfombra. Hay fantasmas muy limpios en esta casa.

Cuando subimos a la planta de arriba, hay cosas bastante interesantes. Para empezar, una estatua que destila una energía extrañísima. Se me ponen los vellos de punta al contemplarla. Además, es tan bonita, tan fascinante...

Henri encuentra el diario del anterior dueño de la mansión. Parece ser que la casa pertenecía a otra familia antes de que ellos la adquirieran de una manera un poco sucia. Tanto su mujer como él murieron en extrañas circunstancias la semana pasada. De hecho, en toda esta zona, ha habido algún que otro asesinato últimamente. Barrio de ricos, mafiosos...

Henri encuentra el diario, pero yo encuentro la caja fuerte. No abogo por la delincuencia, pero está llena de dinero en efectivo, mucho dinero en efectivo, y yo tengo una beca que devolver al gobierno. Gracias, querido sire, por Abrazarme a mitad de curso teniendo una nota media que mantener.

Seguro que a Angelica no le importa. Con toda probabilidad, no ha comprado la casa por la caja fuerte.

Henri se horroriza, pero le ignoro. Acaba tirando de mi y de la caja fuerte que todavía llevo en la mano hacia otras habitaciones.

La biblioteca. Definitivamente, odio a esa zorra Ventrue.

Llena de libros antiguos, forrados en cuero. Muchísimos de esos libros no tienen el nombre grabado en el lomo, pero veo varios títulos en latín y griego. Biblioteca culta.

"Qué puta. Yo quiero vivir aquí." digo sin pensar. Craso error. Mis dos compañeros me miran como si fuera un marciano. Oh, mierda. Finge que eres Brujah, finge que eres Brujah, finge que eres Brujah...

He de reconocer que me pongo nervioso, y mi brazo golpea algo que hace catacrash. Joder.

La atmósfera de la habitación comienza a cargarse y mi Bestia se revuelve incómoda dentro de mí. Y de repente, estalla. La explicación oficial es que un rayo me cae encima, y me quema el pecho. Salgo disparado por los aires, y he de reconocer que me quedo un poco atontado. Por eso no esquivo un pesado libro volador, con las esquinas remachadas en metal, que se me clava en el pecho.

Después me dijeron que el libro se levantó de nuevo y mi sangre dibujó un símbolo mágico en la portada.

Al parecer, me arrastraron escaleras arriba y acabamos en el desván. Zaraida empezó a ver visiones de fantasmas cuado yo estaba K.O

En el desván, para cuando recupero la consciencia y me curo un poco, encontramos una foto de la fantasma que Zaraida vio en la biblioteca. Agatha de Grey. Fantasma que supuestamente hace su aparición en la habitación y nuestra amada Gangrel comienza a hablar sola. A mantener un largo diálogo sola. Y a ponerse muy, muy nerviosa.

"Son muchos, y quieren que nos vayamos. Están gritando... quieren recuperar su casa... ¡Quieren que nos vayamos!"

Sobra decir que salimos por piernas. Atravesamos la segunda planta a toda velocidad, casi nos tropezamos con la alfombra del salón de baile y cruzamos el umbral. Y entonces, vuelvo dentro de la casa.

Una idea absurda se me ha cruzado por la cabeza. El cuarto de las escobas. Qué razonamiento tan absurdo.

No sé quién está detrás de eso, pero seguro que allí hay algo. Estaba tan... fuera de lugar.

Arranco el armario sin demasiada delicadeza y detrás... un ankh negro, con filigranas rojas. ¿Camarilla? Es distinto...

Adelanto la mano para tocarlo, y me quemo. Como si no tuviera suficiente con la del pecho.

"Zaraida, parece que tienes una conexión especial con la casa... ¿por qué no lo tocas tú?"

Ella lo toca, y murmura una palabra. Vida. No ocurre nada.

Henri se quema, igual que yo. Y parece molestarle mucho.

Y entonces Zaraida le pregunta: "¿Por qué no has contestado nada?"

El símbolo habla. Hace preguntas sobre si eres vida o eres muerte. Casi me río por la situación. Lo que está claro es que sólo la Gangrel lo escucha.

Ella se adelante, vuelve a tocar el símbolo, y susurra: "Muerte".

La cruz de la vida brilla, y una puerta se abre. Una entrada secreta. Bajamos por el pasadizo de Dungeons&Dragons y al final hay otra puerta, con un grabado de una estrella de seis puntas rodeada por un círculo, y una palabra en cada punta: Euthanati, Transformation, Energie, Entropie, Morte, Changement. Francés, asumo. Y debajo, unas palabras talladas: "Nueva vida, nuevas oportunidades. Esto es hermoso y extraordinario. Pero no puede haber nada nuevo si lo viejo no se va. No hay vida sin muerte, este es el mayor secreto: el secreto del cambio." Jacques de Grey.

De Grey, como la fantasma. Como la familia que vivió aquí durante generaciones. ¿Fue Jacques el fundador de esta casa?

Henri abre la puerta, y bajamos hasta el sótano. Parece ocupar toda la superficie subterránea de la casa.

Está iluminado por miles de velas. La cera ha goteado hasta el suelo en muchos casos, formando pequeños charcos de distintos colores.

Cuando mis ojos se acostumbran a la luz, ven más de lo que les gustaría. Toda la superficie del sótano está cubierta por lo que identifico como símbolos arcanos. ¿Dónde cojones nos han metido?

En el centro, hay un pozo del que brota una energía tan potente que mi corazón empieza a latir aún más desbocado. La energía sube del pozo como si millones de diminutas luciérnagas intentaran ascender a la superficie. Es hasta bonito. Inclinadas sobre ese pozo, dos mujeres, dos gemelas, prácticamente idénticas. Una de ellas tiene un mechón teñido de azul, la otra de rojo. Y son, a todas luces, humanas. Y están entonando un cántico, ahora que me doy cuenta. Detrás de ellas, múltiples vasijas. Respiro, así que me doy cuenta del olor a metálico de la sangre y de las vísceras que descansan en ellas. Asesinatos, ghouls desaparecidos... ahora cobra sentido.

"Esta ha sido, durante siglos,
la morada de mi familia.
Nos fue ilegítimamente arrebatada, y
desde hace dos décadas luchamos por recuperarla.
¿Quiénes sois?"

Eso preguntan, retomando las frases de la otra, y Henri contesta que venimos de parte de Angelica, la actual propietaria de la casa. Eso no parece contentarlas. La casa les pertenece por derecho, dicen. Les fue arrebatada de forma ilegítima, y la han recuperado. El Ventrue intenta razonar con ellas, hablándoles de la compra de la casa por parte de su compañera de clan, pero sé que eso no va a bastarles. Empiezan a entonar el cántico que sospecho que sea algún tipo de ritual.

Y corro hacia delante. Salir de aquí no parece una opción, sobre todo por que escucho la puerta cerrarse a nuestras espaldas. Nuestra esperanza es poder superarlas en el cuerpo a cuerpo. Me adelanto a los demás, y cojo impulso para saltar sobre una de ellas.

Maldita sea. Uno de los círculos mágicos, que se encontraba justo bajo mis pies, ha reaccionado y me ha lanzado por los aires con una descarga de energía. Noto cómo se me abren pequeñas heridas. Caigo al suelo e intento levantarme al instante, pero algo invisible me sujeta al suelo. Y noto como mi Vitae empieza a abandonar mi cuerpo con demasiada rapidez.

Es decir, me late el corazón y la sangre me corre por las venas como a un humano normal, pero esto es excesivo. Mi sangre forma diminutos ríos y se dirige directamente hacia el pozo. En este sótano no hay inclinación ninguna. El pozo está absorbiendo mi vida.

Desde el suelo, observo como Henri corre una suerte parecida a la mía. Afortunadamente, Zaraida consigue llegar hasta la gemela del mechón rojo y darle un golpe con sus garras. Eso ha tenido que doler. La gemela tiene unos cortes tan profundos que probablemente se desangre en pocos minutos.

De repente, la herida comienza a cerrarse.

¿Qué?

Creo que vamos a morir.

Consigo levantarme y veo como Zaraida sale despedida y cae al suelo. Sin pensármelo demasiado, consigo pegarle un puñetazo a la gemela del mechón azul. Efectivamente, le doy, pero su hermana me golpea con varios hechizos.

Es más de lo que puedo soportar, admito que casi pierdo la conciencia. Escucho el golpe de otro cuerpo al caer, probablemente Henri.

La no-vida ha sido muy corta. He de reconocer que, aunque suene emo, me alegro de morir ahora.

No quiero ser una bestia sedienta de sangre toda la eternidad. No quiero dejar de sentirme humano.

Yo quería, no sé, ser un político importante, amar, tener un par de críos. Continuar mi sangre, pero no de la manera que se me plantea ahora.

¿Y si me convierto en Leónidas? ¿Y si empiezo a ver a mis amigos, a mis conocidos humanos, como meras presas? ¿Y si todo ocurre de una forma tan gradual que ni siquiera me de cuenta de ello?

No, gracias.

Y en ese momento, escucho cómo el techo comienza a caerse. Varias figuras caen al suelo, hasta creo distinguir un par de alas.

Y después, todo se convierte en oscuridad.

Cuando despierto, estoy en un hospital. El Lenox Hill, para ser exactos, propiedad del Ventrue Brian Kenneth. Los años de inmortalidad no evitan que siga teniendo un aire amable, casi dulce. Cuando me da varias bolsas de sangre para que cure mis heridas, le miro con cara de perrillo abandonado, y mi mirada dice algo así como "Te amaré eternamente". Contesta con una sonrisa. Debo estar mentalmente enfermo para haber hecho eso, pero me bebo mi sangre sin rechistar.

Edmund nos comunica que el clan Tremere nos ha salvado el culo y ahora les deben un par de favores, aunque claro, no con esas palabras. Los Tremere han comprado la casa a Angelica, y le han devuelto su dinero. Ah, dinero. Sigo teniendo la chaqueta forrada de billetes muy gordos, aunque algo manchados de sangre.

Algo bueno tenía que tener esto.

Zaraida le explica a Edmund lo que ha pasado, con escasas contribuciones por mi parte y la de Henri. Nuestra niñera le manda a callar cuando Zaraida va a comentar que yo ocasioné el incidente en la librería. Vaya, una experiencia cercana a la Muerte Definitiva parece haberle suavizado el carácter, al menos por el momento.

En algún momento, el gilipollas de mi amado e idolatrado padre enterno aparece en la puerta de mi habitación y me mira largamente.

"Cuando salgas de aquí, tenemos que hablar."

Y se va.

Yo ya sé lo que me espera.

No he muerto esta noche, pero si las leyes de la Camarilla no me protegiesen ahora que estoy "aceptado" en sociedad, tendría probabilidades de morir mañana.

Será mejor que beba muchas de esas bolsas de sangre que nos ha dado Brian Kenneth.

4 comentarios:

  1. El jarrón era auténtico, sí. La estantería te la cargaste tú, sí. La caja fuerte la robaste tú, en efecto.

    Es información que queda entre tú y yo - y ya me aseguraré de cobrarte el precio por la discreción, una noche de éstas (insertar aquí sonrisa retorcida)

    Respecto a la segunda parte... Mis respetos por desafiar al trauma de las revistas Hola! y volver al cuarto de las escobas.

    Y... ha sido muy iluminador, el entender tus auténticos sentimientos respecto a la inmortalidad.

    Muy, muy iluminador...

    Ya haré algo con ello.

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  2. Sí, soy un manazas.

    Y, ey, tú no sabes nada de cómo me siento respecto a la inmortalidad, así que quietecito con tus maquinaciones.

    Respecto a lo de la caja fuerte... soy pobre, ¿no te doy penita? Ese dinero no era de nadie, y dejarlo ahí, solito y triste...

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  3. ¿Darle penita a un Ventrue? ¿Darme penita a *mi*?

    ...

    ¿Seguro que no quieres un minuto para revisar tu estrategia?

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  4. Me olvidaba de que no tienes sentimientos.

    Ya encontraré algo con lo que chantajearte, no te preocupes...

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