Una nueva noche ha comenzado.
Otra noche más del resto de mi eternidad. Puaj.
Y tengo que encontrar al pichón enamorado de John. Bueno, esperemos que sea un pichón enamorado y que no esté contándole al Sabbat ahora mismo importante información estratégica.
Llega a nuestros oídos que Eva da una fiesta hoy, celebrando el éxito de una nueva exposición en una de sus galerías.
Necesitamos entrar a esa fiesta. Y nadie sabe cómo hacerlo. Aquí llega Orestes. Voy a conseguir que podamos colarnos, pero antes, voy a hacer sufrir un poco a todo el mundo.
Creo que Henri no se toma muy bien cuando agarro mi teléfono móvil y finjo que llamo a Eva, diciendo ser un gran admirador llamado Henri, del clan Ventrue. Que poco sentido del humor.
Después llamo a Penélope, del clan Toreador, y rezo porque la jugada salga bien.
Penélope es un personaje curioso. Es una pervertida. Su faceta humana amante del sexo y las drogas duras no ha desaparecido. Y no hay nada que le encante más que un buen rato con otros vampiros. Debe tener más vínculos de sangre ella sola que toda la ciudad de Nueva York junta. Lo único que me extraña de ella es que no tenga el SIDA.
Aunque no era mi prioridad ni mi intención, hace poco Penélope y yo pasamos un buen rato. Un rato bestial. Es decir, es genial no tener que contener la Potencia con una chica. Pero esta noche no me quiere a mí.
"Penélope, tengo un amigo muy interesado en conocer a Eva. Se llama Henri, del clan Ventrue."
"¿Y qué quieres que haga exactamente?"
"Ella da una fiesta de inaguración esta noche, ¿no? Podrías colarnos. Te compensaré."
"Orestes, cariño, no es por despreciar tu ardiente juventud, pero esta noche me apetece otro tipo de carne."
Por mí, encantado.
"Tengo a la chica adecuada para ti."
Y miro a Boadicea. Ella todavía no sabe cuál es su papel, pero lo interpretó muy bien la pasada noche, así que espero que ésta esté a la altura.
Es curioso cómo los vampiros, a pesar de perder su Humanidad, siguen comportándose como muchachitas remilgadas.
Es decir, sólo hace falta mirar a Boadicea.
Probablemente, todas las noches salga por ahí, se abra el mono de cuero y ligue con un tío, o dos, o más, y les muerda el cuello o los encierre en el cuarto de baño de un garito, o los arrincone en un callejón, y se alimente de ellos.
Pero, oh, una vampiresa quiere meterse en sus bragas, y le pone pegas.
¿Qué diferencia hay, exactamente?
La respuesta es: ninguna. Bueno, Penélope tiene tetas, eso es todo.
Ya he conseguido suficiente con colarnos en la mansión de la Toreador. Que el resto trabaje un poco. Yo probablemente me siente a comer canapés mientra veo su modus operandi. Yo paso del típico "si estás en una misión, manda al Brujah delante". Como si fueramos putos perros guardianes. Aunque esto también se aplica a los Gangrel.
Creo que esto de hacer la tercera misión para un Ventrue me está quemando un poco la sangre (qué chiste tan Tremere).
Penélope nos cuela en la fiesta, echando un par de miradas benevolentes a Henri. Lo bueno de Nueva York es que su población vampírica es tan joven que puedes soltar excusas tan malas como la que le he soltado a Penélope, y de vez en cuando cuelan.
Tal vez también haya colado por que Penélope está un poco mal de la azotea.
Personalmente, si yo hubiera sido Eva, nos hubiera echado a patadas nada más vernos. Pensaría, tal vez acertadamente, que una panda de Neonatos ha venido a espiarme a mi propio refugio.
O tal vez Eva esté tan desesperada por mostrar que no tiene nada que esconder, que se refugia tras una sonrisa tirante y nos da la bienvenida a su fiesta a la que sabe que no estamos invitados.
Dios, no puedo creerme que ésto esté funcionando.
Me siento a comer deliciosos canapés como un humano más, y observo el modus operandi de mis compañeros. Yo ya he hecho mi parte del trabajo. Lo suyo es intentar husmear ahora sin que se note demasiado.
Boadicea se pierde con Penélope en algún momento, mientras que Henri habla con la segunda estrella de la fiesta, ese pintor que está forrando de pasta a Eva. Zaraida se pierde por los jardines.
He de decir que Eva no nos quita el ojo de encima, pero varios invitados la acosan con entusiasta conversación sobre el arte contemporáneo. Sus aires intranquilos se tranquilizan un poco cuando ve que sus inesperados invitados vampíricos van acompañados. ¿Dónde están sus ghouls, para seguir cada paso que damos? Esto es demasiado fácil.
Los invitados van y vienen, y pasean por toda la planta baja de la casa. Eva está tan ocupada que de vez en cuando pierde de vista a la cuadrilla. Yo cojo una copa de champán y disfruto de la velada.
Parece que ha habido progreso. Boadicea dice que hay algo en la planta superior. Henri sube, pero no encuentra nada. Estamos como al principio. Boadicea dice que subirá a comprobarlo por ella misma. Pierdo a la Toreador de vista, así que me levanto a buscar a alguien de la cuadrilla, y Zaraida es la primera que encuentro. Con un Inseparable en el hombro. Gangrels...
Zaraida, ante la estupefacción de Henri, manda al pájaro a la planta superior (he de reconocer que, como estrategia, es más discreta que cualquiera de las otras). El pájaro vuelve, y según Zaraida, dice que ha escuchado algo arriba. Operación Comando, todos subiendo de puntillas por la escalera de un refugio ajeno. Estoy esperando a que, en cualquier momento, Eva nos pille in fraganti y nos mande a la hoguera, pero parece ser que algo la tiene muy entretenida abajo.
Luego me enteraré por Penélope que a Jeremy Bruce le dio una angina de pecho en ese preciso momento.
Llegamos hasta la susodicha habitación. Hay, previsiblemente, una puerta secreta, que me encargo de abrir con mis dotes de chico de barrio. A todos nos han castigado sin salir alguna vez y nos han quitado las llaves de casa.
Detrás de la puerta, un cuadro de alarma. Eso supera mis posibilidades.
No creo que un puñetazo sirva para desactivarlo, pero allá va Zaraida con sus garras a destrozar a nuestro enemigo electrónico. Después de los treinta segundos estipulados, no suena nada estridente. ¿Lo hemos conseguido?
Paso primero. La habitación secreta es una cámara insonorizada, y, por supuesto, John está dentro, atado y amordazado a una cama. A Eva le va el sexo duro, por lo que parece.
Me quedo en la puerta, vigilando.
Henri interroga al ghoul con Dominación. No consigo escuchar lo que dicen.
Unas pisadas de tacones hacen que el corazón me de un vuelco. Parece ser que la alarma mandaba una señal al móvil de Eva o algo parecido.
La pelirroja aparece, con prisa, despeinada... y llorando. Lágrimas de sangre salen de sus ojos y manchan sus mejillas. Su desesperación es tan palpable que, por un momento, me siento inhumano.
Eva, en lugar de intentar saltarme al cuello, se arrodilla a mis pies, me agarra del borde de la camisa y me suplica —me suplica— que no nos llevemos a John.
El ghoul está allí por su propia voluntad. Están enamorados.
Amor.
A estas alturas, Eva está abrazando mis rodillas, y yo estoy completamente inmóvil.
Amor verdadero.
Estoy muerto por dentro.
Yo que pensaba que encontrar el amor siendo vampiro era imposible. Siendo humano, no lo había encontrado todavía.
Es en esos momentos en los que te acuerdas de la Princesa Prometida y cosas así, y deseas con todas tus fuerzas estar vivo.
Henri se acerca al ghoul y lo mira a los ojos. Acto seguido, coge su teléfono móvil y llama al Sheriff.
Yo sigo sin lograr moverme.
Se llevan a los amantes ante el Príncipe Calebros. Todos sabemos el desenlace. El ghoul muere, o los dos mueren.
O eso creíamos todos.
Nadie sabe por qué, Calebros se pone de parte de Eva. El ghoul es suyo. Tendrá que pagar una compensación astronómica a Víctor, cuya furia por la decisión no tiene límites. El ghoul tendrá que realizar peligrosas misiones en las que hay un alto riesgo de muerte para un humano como él. La posición de Eva ha descendido automáticamente.
Calebros... ¿todavía tiene corazón?
14 feb 2009
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¿Mmm? Amor, ¿eh? Es un tema sobre el que me gustaría que te explayaras un día de estos. Me parece fascinante la importancia que le das a los sentimientos.
ResponderEliminarY aunque no aprecio la forma en la que conseguiste la entrada a la fiesta... al menos la conseguiste.
No me queda más remedio que quitarme el sombrero.
Una única pregunta: Tiene corazón Calebros, ¿o se ha quedado sin cerebro?
Al fin y al cabo, son precisamente los sentimientos los que mantienen a mi Bestia bajo control. Tú, más que ningún otro, deberías entender la importancia que tiene para un vampiro mantener el control de lo que hace.
ResponderEliminarSoy más humano que tú, supongo. Y eso no tiene por qué ser necesariamente bueno, pero es lo que me caracteriza...
"Una única pregunta: Tiene corazón Calebros, ¿o se ha quedado sin cerebro?"
ResponderEliminarO, tal vez, sepa algo que vosotros no sepais.
O, tal vez, está utilizando a los demás Vástagos en sus designios de regente...
O, tal vez, le caigan mal los prepotentes Ventrue.
O, tal vez, no pueda resitirse a la belleza de Eva, ya que el perdió la suya.
O, tal vez, los sentimientos le hayan nublado la razón.
¿Quién sabe?
Ah, espera. Que yo sí que lo sé...
Cierto, entiendo y aprecio el control de la Bestia, independientemente de cómo se consiga.
ResponderEliminarY en cuanto al comentario de Diarios... sólo puedo dedir una cosa:
Puto Máster.
Si, puto máster.
ResponderEliminarPor cierto, en serio, ¿a nadie le hizo gracia la broma Tremere?
Jo...