Apenas recuerdo esa noche... quizá la parte consciente de mi cerebro ha decidido desterrarla al inconsciente. De ese pozo construido sólo emanan unos gritos, unas capas negras, el olor a sangre, el miedo, y la euforia entremezclados. Un despertar confuso... y un sentimiento de vacío que jamás había experimentado.
Pero quizá sea mejor empezar por el principio de los tiempos.
Nunca tuve una relación muy estrecha con mis padres. Él, inmigrante japonés, sólo esperaba hacerse un hueco en el mundo y se dedicaba en cuerpo y alma a ello, descuidando a su familia.
Si no recuerdo mal, me decían que había heredado los ojos de mi madre. Y aparte de mi mirada esmeralda, unas fotos, una bufanda, una nana y un anillo que nunca divorcio de mi dedo anular, más por superstición e inercia que por cariño, no llevo conmigo mucho más de ella.
Nunca me enamoré, y si lo hice, nunca dejé que la pasión me cegara. Mi amor fue el haikidou, el único legado que mi padre me dejó en herencia. Por tanto, las virtudes de la mesura y el autocontrol (al menos en cuanto al plano romántico-amoroso se refiere) las cultivé a rajatabla. (Ahora sí, sentimentalismos o sentimientos aparte, creo que supe como pocos rendir culto a Baco.) Y como no sólo de clases se puede vivir, terminé en unos tugurios bailando con mi sempiterno mono.
El día que vi el anuncio de Busco a Jacks, me dije: "esa tía me ha copiado fijo".
Pero vayamos al grano. Allí lo conocí a él. Aquel que me bautizó con el nombre de Boadicea (en lugar de mi verdadero nombre, que nunca sabréis, muahahaha, ejem, en fin.) Me dijo que mi baile, mi vida, mi actitud emulaban a una guerrera celta, a la reina de los icenos.
No sé cuál sería su grito de guerra, pero el mío, confieso, sería:
You can never wear too much black, you can never wear too much “Busco a Jacks” ^ ^
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Welcome on board :D
ResponderEliminar:D It's a pleasure to be in such a cool crew! :D
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